El castillo interior del alma. las posibilidades del ser humano son inconcebibles.

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La pequeña parte de sí mismo

El ser humano vive en una pequeña parte de sí mismo, generalmente en las partes más pequeñas y mecánicas. Estas partes asemejan a las peores regiones a las cuales una persona podría vivir. Aquí la vida es difícil, inentendible, contradictoria, ilusoria, donde solo perseguimos deseos y terminamos destruyéndonos.

Los lugares tenebrosos

Nuestro mundo interno posee grandes lugares maravillosos, pero la educación equivocada y la presión constante de la vida mecánica nos arrinconan poco a poco desde que somos niños en un lugar oscuro, sombrío y con humedad. Luego de un tiempo, creemos que no existe nada más que ese sitio tenebroso y vivimos una vida arrinconados y temerosos de todo. Luego, como todos viven atemorizados y dependientes del sistema de control, creemos que así es la vida y nos justificamos.

La mansión de Cristo

Según el cristianismo esotérico debemos esforzarnos por penetrar en el castillo interior del alma, en la mansión de Cristo donde reinan sin contradicción, paz, alegría y quietud. Estos son los dones, los rayos mediante los cuales nuestro sol espiritual, Cristo, recompensa al alma que lo acoge con una liberal generosidad.

La casa de cuatro habitaciones

Gurdjieff dijo: “Algunas enseñanzas comparan al hombre con una casa de cuatro habitaciones. El hombre vive en la más pequeña y miserable de todas, y hasta que le sea dicho, no tiene la menor sospecha de la existencia de las otras tres, llenas de tesoros. Cuando oye hablar de ellas, comienza a buscar las llaves de estas habitaciones, especialmente de la cuarta, la más importante de todas. Y cuando un hombre ha encontrado el medio de penetrar en ella se convierte realmente en el amo de la casa, porque es solamente entonces que la casa le pertenece plenamente y para siempre”.

La importancia del autoconocimiento

Para poder ponernos en contacto con las maravillas de nuestro Ser, debemos conocernos a nosotros mismos. ¿Cómo podría ser de otra forma? Los grandes maestros de la humanidad nos han demostrado que los sitios de nuestro castillo interior deben ser recorridos. Al principio, quizás, andaremos con una pequeña candela y algo temerosos de lo desconocido. Al avanzar en el descubrimiento de sí, podemos llegar a encender las luces de nuestro gran castillo interior y así habitarlo en su totalidad y belleza deslumbrante.

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